“Chico, despierta, es tiempo de ir a la escuela”
“Mami, no, no puedo… me siento mal… creo que tengo el virus.”
“¡Dios mío! ¡No! Tendré que llamar al trabajo para indicar que llegaré tarde. No puedo dejarte solo si tienes el virus…”
Gira, sale de tu cuarto y cierra la puerta, mientras tu permaneces acostado, pensando.
Te levantas de la cama, te lavas la cara, desayunas un Special-K Bar de Kellogg’s (es lo más práctico para comer), corres rápidamente al cuarto y te vuelves a recostar en la cama. No sientes deseos de permanecer en pie. El dolor en los músculos es insoportable. Comienzas a toser, y el escurrimiento nasal te pone de mal humor. Tomas el espejo de bolsillo que tienes en le mesita de noche y observas el reflejo de una imagen agotada… con unos ojos avanzadamente irritados. Te sientes con fiebre. Analizas la situación, y te percatas que estabas en lo cierto: todos los síntomas aparecieron de repente. Tienes el “virus” que se menciona con regularidad: el mortal virus que le consume el alma a todos.
Ya no aguantas más. Tu mama, preocupada, se ausenta una mañana al trabajo y permanece en la sala aguardando por ti.
Las horas pasan, y tu no dejas de pensar.
Cuando al fin sientes la fuerza suficiente, sales a la sala.
“Oh, veo que ya estás listo. Ven, siéntate a mi lado, hijo.”
Caminas rápidamente, ocupas el lugar próximo a tu madre y comienzas a hablar sin parar. Tu madre simplemente se limita a escuchar, al fin y al cabo, es la única que te entiende mientras tus amigos están en la escuela.
El dolor en los músculos de tus manos luego de una noche de “search” en la computadora es insoportable (es más notable al observar la irritación en tus ojos). No sientes ganas de estar en pie, pero aún así, te levantas para compartir tus ideas más cool y recientes con tu madre. Transpiras una adrenalina agrícola de unos 38°F o más. El dolor de cabeza, reacción a tanto pensar, consume tu razón lentamente. Toses una laaarga lista de ideas que jamás soñaste tener. Luego de tanto hablar y toser, la garganta te comienza a molestar.
“Madre, ¡vengo rápido! Tengo que ir al baño.”
“Definitivamente, creo que esa idea le causa tanta emoción, que para colmo, le da diarrea. ¡Que Dios me lo cuide mucho y lo logre curar de ese Virus FFA que le da de repente, porque si sigue así, ¡me va a volver loca!”
Es muy probable que todos, repito, TODOS los miembros FFA hayan pasado por el Virus FFA en algún momento de su vida. Existen varias vacunas para este virus, como lo son FLCA, HOSA y Skill USA. Nuestro consejo es que se pongan la de temporada, como hizo nuestro amigo Jason, quien, luego de ponerse la vacuna, pertenece temporeramente a FLCA, pero miembro FFA tiempo completo. Si, la vacuna tuvo efectos secundarios.
Vivan profundamente el sentimiento que causa el Virus FFA. Experimenten noche tras noche en Google en busca de ideas y nuevos adelantos en el mundo de la Agricultura. En medio de una crisis económica, política y social como la que estamos viviendo, no será sino la Agricultura quién servirá como mediadora oficial para todo conflicto existente y logrará la subsistencia del mundo en general.
Honren el lema que nos caracteriza como Organización: “Aprendiendo para hacer, hacienda para aprender, ganando para vivir y viviendo para servir.” No permitan que ninguna vacuna afecte su desarrollo como líderes agrícolas dignos de admirar. Recuerden, “el que no vive para servir, no sirve para vivir.”
Continúen viviendo bajo el dominio del Virus FFA y no permitan que su sistema se inmunice. Sus padres, tarde o temprano, llegarán a adaptarse.
miércoles, 25 de noviembre de 2009
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